Salario Mínimo y Calidad de Vida
La obra se llama “Negociación
para el aumento del salario
mínimo”, y sus principales personajes son el Gobierno, las centrales obreras y los empresarios, sentados a una
mesa para acordar el porcentaje en que será incrementado el salario mínimo el
siguiente año, de la cual se levantan debido a la diferencia tan grande entre
sus propuestas.
Conceptualmente, el salario mínimo es la remuneración básica a que tiene derecho todo trabajador como contraprestación por su labor y cuyo monto
se supone suficiente para suplir sus necesidades primordiales y las de su familia, y subsistir en condiciones
dignas.
Hoy es de
515 mil pesos más un auxilio de transporte de 61.500 pesos, de manera que si el Gobierno
acoge la propuesta de los empresarios de aumentarlo en un 3 por ciento, equivalente a
15.450 pesos, el salario mínimo del año entrante será de 530.450 pesos más
63.345 pesos de auxilio de transporte.
Nadie puede afirmar que ese monto es suficiente para cubrir
las necesidades básicas de una familia, y de entrada, la discusión tiene un
desfase.
En la última década, el aumento del salario mínimo se ha
fijado teniendo menos en cuenta la inflación y más la capacidad
económica de las empresas y la productividad calculada del año, lo que podría considerarse
justo, si no fuera por el desfase del que hablamos en el párrafo anterior.
No habrá incremento justo mientras no se ajuste el monto del
salario mínimo para que permita satisfacer las necesidades de techo,
alimentación, salud, educación y vestuario de los trabajadores y su familia.
Además, como no hay criterios de clasificación de los
salarios de acuerdo con la formación, especialización y complejidad del oficio,
el salario mínimo termina aplicándose por igual a un obrero no calificado y a
un profesional recién egresado de la universidad.
Los empresarios alegan que un aumento muy grande eleva sus costos de producción, por los impuestos y aportes
parafiscales amarrados
al salario, y dificulta su desarrollo, aminora su aporte al crecimiento económico del país y frena la creación de empleo.
Pero un aumento muy pequeño, por otra parte, reduce el nivel de vida y la capacidad adquisitiva de los
trabajadores, que son un gran sector de la población, y en consecuencia, las
empresas venderán menos.
Lo más grave, sin embargo, es que el salario mínimo sólo está
garantizado para quienes tienen empleo
formal, que son aproximadamente el 38 por ciento de los ocupados.
El 62 por ciento restante está subempleado y además de recibir pago inferior al
salario mínimo, no tiene las garantías plenas de seguridad social.
Habría que empezar a ensayar remuneraciones que aumentaran de
acuerdo con los resultados de las empresas en las que trabajan, aunque esto
exigiría del Gobierno la decisión de reducir los costos parafiscales, y de las
empresas, su compromiso de aumentar su producción cuando el panorama económico
lo exija.
Fuente: Diario el universal, (Dic 2010), Cartagena. Recuperado de:http://www.eluniversal.com.co/cartagena/editorial/salario-m%C3%ADnimo-y-calidad-de-vida
Por: Lida Isabel Avendaño Gomez


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